Hola mi querida tribu, espero que estén muy bien.
Hoy quiero contrales mis últimas reflexiones y experiencias, hace unos meses pude ponerle nombre a algo que me viene pasando hace más o menos dos años, resulta y acontece, que estoy atravesando un agotamiento creativo y profesional, o lo que llaman un burnout.
Sin saberlo, estaba teniendo varios de sus síntomas: cansancio extremo al pensar en crear algo, bloqueos, falta de motivación y cuestionarme todo hasta el punto de querer abandonar.
No tenía nombre para ello, solo estaba cansada de todo y pensaba que lo estaba manejando bien, hasta que un día hablando con una amiga sobre lo que estaba sintiendo, ella me dijo: “Cata, estás atravesando un burnout”
Cuando me lo dijo sentí que mi artista interior lo reconoció y dijo: sí, eso es. Y desde allí ha sido todo un viaje.
Mi primera sensación fue sentirme muy pero MUY agotada, he querido hacer muchos proyectos creativos y laborales nuevos, siempre tengo muchas ideas y pensaba que estaba haciendo todo para enfocarme en que nacieran, pero mi ser interna no podía más, no quería hacerlos porque estaba moribunda, yo ya había secado su energía y sus ganas de vivir eran pocas. En ese momento me invadió una tristeza profunda, una tristeza que ya venía sintiendo con regularidad pero que no sabía de dónde venía y no quería aceptarla porque hacerlo era demasiado doloroso, ¿cómo había llegado hasta aquí? ¿cómo le había hecho tanto daño a mi artista interior?
Tuve que mirar hacia atrás con detenimiento, haciendo un mapa de cada paso dado, rastreando mi relación con el arte en cada momento de mi trayectoria, desde que era niña y veía a mi papá pintar hasta ahora, donde tengo mi propio camino como creativa. Y allí estaban, en mi historia estaban las respuestas, me había agotado subiendo la montaña del “DEBER SER” de una artista activa y emprendedora creativa, de estar buscando siempre maneras para hacer funcionar las dos cosas y poder vivir del arte, de ir un poco en contra de la corriente y sentirme navegando sola. En un punto todo empezó a mezclarse y mi relación con el arte cambió al punto de agrietarse.
Desde el momento en que decidí que quería ser artista, cuando tenía 18 años, he estado fielmente comprometida con esta decisión, porque amo las artes y su magia, porque crear me hace inmensamente feliz y me da una sensación de plenitud y liberación que necesito en mi vida. Así que desde entonces he estado muy enfocada en poder dedicarme a esto por la mayor cantidad de años posibles y en buscar la manera de que pueda ser una realidad. Sin embargo, sin saberlo y con la mejor intención, terminé en este punto.
Este camino, como cualquiera en esta vida, está lleno de subidas y bajadas, y a veces vamos por él con muchas exigencias sociales y de nosotros mismos, porque queremos que nos vaya bien, queremos lograr lo que soñábamos, y tener “éxito”. Sin embargo, cuando me encontré atrapada en el burnout, comencé a cuestionarme sobre esta “carrera” impuesta que estaba corriendo con tanto esmero, mejor, con tanta angustia: ¿hacia dónde y por qué? ¿la carrera de quién? ¿a la manera de quién? (sobre esto les conté en una entrada anterior)
Definí mi propio camino y lo que significa ser artista. Esta vez a mi manera, sin prisa, no corriendo, sino caminando con intención y alegría. Todo muy lindo, pero tenía un pequeño problema, seguía cansada y con mi artista interior malherida. Lo que me llevó a preguntarme si seguir o no en este camino: ¿quería seguir en el arte? ¿podía y quería vivir de esto? ¿a qué más podría dedicarme?
Me invadieron las dudas, la desolación, vi a mi artista interior acurrucada, en primeros auxilios, me entristecí demasiado, me sentía supremamente mal por haberle hecho eso, le pedí disculpas por haberle puesto tanto peso encima.
Cuando estoy en pleno proceso creativo no pienso en hacer algo para otro propósito más que el disfrute de crear, escucho lo que mi alma y mi creativa interior quieren hacer, sigo a esa voz extraña que nos habita y quiere expresarse a través de nosotros, para mí ese momento es sagrado, es libertad. Aún así, más allá de ese momento mágico de crear, por situaciones de la vida el arte se convirtió en mi pilar financiero, catártico, identitario y como era de esperarse, se cansó, me dijo: amiga yo no puedo con todo, mira tú a ver qué haces y déjame en paz.
Me sentí culpable y triste, quería (y quiero) seguir dedicándome al arte, pero cómo hacerlo si mi espíritu en ese momento no podía lograrlo. Todas esas dudas que me invadían, me empezaron a nublar la vista y todo mi ser, en un momento sentí que podía perderme muy fácil si dejaba que la bruma lo habitara todo. Así que tuve que agarrarme de una de mis certezas, soy artista y además amo serlo, y sea lo que sea que haga mi yo creativa, por cualquier fisura que encuentre siempre saldrá a la luz. Aunque no tenía mucha fuerza, me agarré lo más fuerte que pude de aquí, de una de mis raíces, abracé a mi artista interior, ahora con forma de un árbol después del invierno y le di tiempo de sanar, de recobrar el aliento y de ver brotar sus ramas de nuevo, con unos pequeños destellos de vida como hojitas minúsculas.
Le di tiempo, el que ella quisiera y necesitara, le dije: querida amiga mía, aquí estaré esperándote con los brazos abiertos, tú solo dime cuando te sientas mejor y estés lista, sin presiones, vamos a hacer esto a tu manera, no a la mía, aprendí la lección, te dejaré ser y te respetaré, tú guíame que yo te seguiré.
El habitar este lugar de bruma también me hizo entender que yo no estaba viviendo sola aquí, que este es un lugar que hace parte del camino, que lo podemos habitar muchxs de nosotrxs en algún momento de nuestra vida como artistas, a veces nos agotamos, nos secamos, nos sentimos remando a contra corriente, el agua se convierte en fango y el paisaje se desdibuja, nuestro espíritu no da más.
En el libro de El Camino del Artista Julia Cameron llama a este lugar el desierto y a este momento la sequía. Todxs en algún momento podemos atravesar por él, no es el fin, es solo un paraje más del recorrido, y si tú estas allí en este momento, te entiendo, sé que duele, y aunque estas palabras puedan parecer vanas ahora: no estas solx, y también sé, creo y tengo fe, en que lo podemos atravesar, lo sé por experiencia propia, sé que tú también lo has hecho antes, aunque el camino se sienta como estar dentro de un pantano, en algún momento del recorrido, del fango algo brotará y cuando ese pequeño brote aparezca cuidémoslo con amor y paciencia, reguémoslo con compasión y agradecimiento, porque se convertirá en nuestra flor de loto. Esa es nuestra creadora interior renaciendo.
Escribo esto cuando ya han pasado algunos meses, hoy ya puedo ver mi yo artista con otros ojos, con más cariño, con más respeto, también con mucha alegría de saber que está allí, que hace parte de mi vida, incluso le puse un nombre, se llama Wanderlust y la he visto levantarse con calma de nuevo, vive en un lugar hermoso, en un bosque tropical increíble, ella es la creatividad, la naturaleza misma y le están empezando a brotar pequeñas hojas; yo la saludo con una sonrisa y poco a poco me ha invitado a sentarme con ella algunas horas al día, yo la miro, converso con ella y trato de capturar su esencia en un trozo de papel.
“…Las sequías terminan, de verdad. Terminan porque hemos dudado sí, pero hemos seguido adelante, aunque fuera a rastras. En una vida creativa las sequías son una necesidad. El tiempo en el desierto nos da claridad y caridad.” El Camino del Artista Pág 245.
